sábado 30 de mayo de 2020 - Edición Nº2925
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Dos cooperativas nacidas en la cárcel están fabricando barbijos para combatir el coronavirus

Se trata de las agrupaciones Ziza, de Rosario, y Kbrones, del barrio porteño de Barracas. En medio de la crisis carcelaria y del momento económico crítico que atraviesa el sector cooperativo, se reconvirtieron y ahora fabrican barbijos.


Por:
Redacción NdLA

En medio de la polémica por la liberación de algunos presos y el reclamo por mejores condiciones en los penales, existen dos cooperativas de trabajo de presos y ex presidiarios, que se volcaron a la fabricación de barbijos durante la pandemia.  Se trata de las agrupaciones Ziza, que funciona en  la  Unidad Penitenciaria Nro 6 de Rosario, y Kbrones, que tiene su taller en el barrio porteño de Barracas. 

 

En el caso de la cooperativa textil Ziza está integrada  por 23 hombres privados de su libertad en la Unidad N° 6 de la ciudad santafesina; y 9 familiares (8 mujeres y 1 varón), que participan desde afuera, conformando así la primera experiencia con estas características en la provincia de Santa Fe y la segunda en Argentina. 

 

La agrupación nació en 2016, durante un taller de comunicación del Colectivo La Bemba del Sur,  donde surgió el estudio del tema del trabajo y cómo interpelaba este a las personas privadas de su libertad, no sólo durante su paso por las cárceles, sino al momento de ser liberados. Luego, desde 2017, estuvo a cargo del Programa “Educación en Cárceles”.

 

Actualmente, Ziza funciona gracias a la articulación entre la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y la Federación de Cooperativas de Trabajo de la República Argentina (FECOOTRA), que forma parte de la Confederación Argentina de Trabajadores Cooperativos Asociados (Conarcoop). Tanto Fecootra como Conarcoop respaldaron y asesoraron a Ziza en su constitución y matriculación como cooperativa.  

 

Este año,  tenían pensado  aumentar la producción para generar un ingreso en la economía de las familias. Sin embargo, la llegada del coronavirus obligó a que la cooperativa se reinvente y comience a producir barbijos, para poner en movimiento la fábrica, que estaba parada desde que comenzó la cuarentena, y a su vez  proveer de los mismos al servicio penitenciario de la prisión, con los resguardos correspondientes en términos higiénicos y de profilaxis. 

 

Por su parte, Kbrones es la primera cooperativa que nació, en 2009, durante un contexto de encierro. Su objetivo es colaborar en la reinserción social a las personas con antecedentes penales. Su referente y creador es Julio Fuque, y en un comienzo ofrecían productos de marroquinería, oficio que aprendieron mientras estaban detenidos.

 

Con el apoyo del programa Manos a la Obra del Ministerio de Desarrollo Social, adquirieron dos máquinas de coser, una recta pesada y otra poste, una rebanadora de cuero, e insumos necesarios para incrementar la producción. Además, el proyecto pudo constituirse en una cooperativa y obtener la matrícula del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES).

 

Con los integrantes de Kbrones ya libres en 2009,  se consiguió mejorar la calidad de la producción y se especializaron en la actividad textil. Actualmente, confeccionan indumentaria de trabajo, camisas, pantalones y camperas. 

 

En Kbrones encararon, junto a otras cooperativas, la producción de más de 300 mil barbijos en las últimas semanas. “Esto nos ayuda a resurgir después de años de fuerte crisis en la actividad textil y nos empujó a abrir espacios de formación y capacitación para nuestros compañeros y para vecinos del barrio de Barrancas, donde tenemos nuestro taller”, aseguró  Julio Fuque, quien hoy además es director del programa de Cooperativismo en Cárceles de Fecootra. 

 

Crisis en las cooperativas 

 

Sin embargo, a pesar de estos buenos ejemplos que se enmarcan dentro del cooperativismo, no todo es color de rosas para el sector, que se encuentra atravesando una severa crisis en diferentes rubros, que se agravó desde el inicio de la cuarentena. 

 

Desde Conarcoop, que agrupa a 12.500  trabajadores autogestionados de 16 provincias,  le reclamaron días atrás al  Gobierno  que los  incluya en el Programa de Emergencia de Asistencia al Trabajo (REPRO), tal como ocurre con las Pymes de características similares, ya que en su mayoría están cerradas y viviendo un momento “extremadamente crítico”.

 

“Existe un acto discriminatorio por el cual las cooperativas de trabajo, solo por tener un formato jurídico diferente al de las empresas con fines de lucro, no fuimos  incluidas ni mencionadas en el REPRO”, señaló el presidente de Conarcoop, Ramiro Martínez. 

 

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