miércoles 01 de abril de 2020 - Edición Nº2866
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La atracción por los datos inútiles

Soy un aficionado a los datos inútiles. Me refiero a aquellos que no nos harán más ni menos sabios, pero que se nos cruzan de repente como un relámpago que ilumina una inofensiva oscuridad. Anoto esos datos en papeles sueltos, los subrayo en los libros, los recorto de diarios y revistas o los guardo en archivos extraviados dentro de mi computadora. Quizá nunca los vuelva a leer, y apenas una ínfima parte permanecen en el disco rígido de mi memoria.


Por:
Redacción NdLA

A veces, como me acaba de ocurrir hace cinco minutos, uno de esos datos inútiles emerge de un libro hojeado al azar: “Todas las guerras que ha librado hasta hoy la humanidad, y ello para su vergüenza, ya que no han sido pocas sino alrededor de 14.500, todas esas guerras tomadas en conjunto no han generado tanta literatura como ha producido una sola de ellas: la guerra de Troya”, leo en La cólera de Aquiles de Ismail Kadaré, título de un pequeño volumen que editó Katz en la Argentina, donde se reproduce una conferencia que el escritor albanés pronunció en Barcelona en 2004. En ese pequeño párrafo me impresionaron dos datos que ignoraba: las 14 mil y pico de guerras que lleva contabilizando la humanidad (¿cómo habrá hecho el cálculo?, ¿de dónde habrá sacado esa cifra?) y que la de Troya haya sido la guerra más transitada por la literatura, desde Homero hasta nuestros días.

Para avalar mi debilidad por los datos inútiles alzo la vista sobre el desorden de mi escritorio y encuentro a un costado el recorte de una revista donde el compositor Richard Sherman cuenta cómo inventó la palabra supercalifragilisticoespialidoso para la banda sonora de la película Mary Poppins (aunque supongo que eso estará también en Wikipedia), y mirando un poco más allá, en la última página de Los caminos de Ida de Ricardo Piglia, noto que subrayé la parte donde la protagonista le dice a Emilio Renzi: “Los esquimales nunca dicen su nombre verdadero, es un secreto, sólo lo revelan cuando sienten que van a morir”. Podré seguir respirando ignorando estas cosas sin utilidad práctica alguna, pero saberlas me hacen sentir un poco más feliz.

Tal vez por eso una de las lecturas que recuerdo haber disfrutado con mayor placer durante mi adolescencia fueron los dos tomos de la Enciclopedia de datos inútiles del genial periodista uruguayo Homero Alsina Thevenet (1922-2005), que Ediciones De la Flor publicó allá por 1986-87, cuando Internet era un delirio de la imaginación. Hoy son dos volúmenes inhallables y podría pensarse, con cierta razón, que sería inútil reeditarlos: en Internet hoy está toda la información al alcance de un click. Sin embargo, la contundencia de los datos reunidos por H. A. T., su estilo irónico y exquisito, no navegan por la web.

En su ensayo La inutilidad de lo inútil (Acantilado), el filósofo italiano Nuccio Ordine defiende el saber que no apunta únicamente al beneficio económico, sino a aquel que nos hace más humanos, más íntegros, más libres. No creo haber alcanzado ese éxtasis del espíritu, pero si sé que he amontonado datos inútiles que me han dejado cicatrices profundas y otras que pasan inadvertidas. Desearía que jamás se me borraran.

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