lunes 24 de septiembre de 2018 - Edición Nº2311
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Cambio en la Corte: Comodoro Py a la intemperie y nueva lógica judicial

Sorpresiva votación evitó reelección de Ricardo Lorenzetti y ungió a Rosenkrantz hasta 2021. Tras 11 años de hegemonía, dejará la presidencia de la Corte Suprema el 1-O. Desorientación judicial y política tras jugada interna. Nuevo perfil negociado: más foco en velocidad de los casos, menos lazos de protección a tribunales federales.


Por:
NdLA

La reunión de acuerdos de ayer comenzó de manera habitual a las 10 de la mañana, pero terminó siendo el fin de una era para la Corte Suprema de Justicia. En lo que tuvo un perfume a golpe palaciego, Ricardo Lorenzetti -titular del máximo Tribunal a lo largo de los últimos 11 años- debió resignar ayer la chance de una nueva reelección, en lo que también marca una bisagra en la lógica de construcción de poder para los propios tribunales. En los papeles, Carlos Rosenkrantz será quien asuma la presidencia desde el 1 de octubre hasta septiembre de 2021, en tándem con Elena Highton de Nolasco. En una primera lectura, el Gobierno nacional aparece como primer beneficiario del nuevo diseño institucional por el reparto de autoridades y por el perfil que adquirirá el tribunal. Ayer, en la Casa Rosada festejaron como si pudieran pronosticar cuál va a ser el resultado de los expedientes que más preocupan. No repararon que con la salida del oriundo de Rafaela podrían sumar un voto clave en contra de sus objetivos y ya sin chances de ser negociado con la "muñeca" habitual.

Sin embargo, también es un interrogante cómo reaccionarán otros vértices de poder que Lorenzetti había sabido cobijar durante sus presidencias, con énfasis en los tribunales federales de Comodoro Py. Y en la transición, confirmar si Rosenkrantz asumirá el mismo rol (político) que su antecesor como "guía" del Poder Judicial, o si se restringirá a lo estrictamente jurídico y administrativo. Este último (y más probable) camino aleja al Poder Ejecutivo de una capitalización del cambio de nombres y asegura una diáspora de los distintos "protectorados" que Lorenzetti supo construir en áreas sensibles que podría adquirir un formato anárquico. Nada que le convenga a la administración Cambiemos y su abuso de la táctica de múltiples interlocutores en la Justicia. La única que celebró genuinamente fue Elisa Carrió, una promotora del hostigamiento permanente al rafaelino.

La jugada sorprendió a propios y a extraños, pese a que el tema de la renovación llevaba varias semanas de escarceos en las habituales reuniones entre supremos. La reelección sobrevolaba el ambiente hace meses, por las intenciones de Lorenzetti de permanecer un nuevo período y sus sondeos internos. Con igual énfasis sonaba lo que había revelado Ámbito Financiero en junio pasado: que la confianza de la Casa Rosada se había resquebrajado y auspiciaban la llegada de Rosenkrantz a la cabecera de la mesa suprema. Sin embargo, no había ningún ítem en la orden del día para votar ayer, luego de la firma de expedientes. Apenas quedaron solos, sin sus secretarios, el asunto surgió en la conversación entre los jueces de la mano del propio Rosenkrantz, con la venía de Highton y de Horacio Rosatti, principal contrincante interno de Lorenzetti. El ahora saliente presidente propuso la votación con la expectativa de cosechar los apoyos suficientes. Le deslizaron que era momento de un giro de timón, lejos de los personalismos y alto perfil que caracterizaron su gestión. Tres voluntades (incluido el auto-voto de Rosenkrantz) bastaron para cambiar lo que hace pocos años parecía incólume. Esa fue una de las señales para el exterior, que adentro dejó a Lorenzetti y también a Juan Carlos Maqueda golpeados por el resultado. La nueva Corte de mayoría mínima demostró que puede cambiar su fisonomía formal con la misma rapidez con la que podría expedir fallos. No fueron pocas las promesas de cumplir con esa dinámica que hizo Rosenkrantz, en campaña sigilosa por los pasillos del cuarto piso del Palacio de Tribunales. Cortar vasos comunicantes con la Justicia federal, transparentar el giro de los casos a resolver y mayor horizontalidad en las decisiones fueron parte del pacto tácito. Lorenzetti, acorralado por el resultado, optó por acompañar a la mayoría como mensaje de madurez institucional. Otros tribunales tendrán que digerir los cambios con el correr de los días. El impacto por la sensación de intemperie fue el denominador común para el Poder Judicial.

El Gobierno celebró por anticipado sin calibrar exactamente cuál sería el beneficio. Ideológicamente más afín, Rosenkrantz representa más al Círculo Rojo que a los "amarillos". Los "lilitos" se excitaron ante la idea de una oleada de renuncias, sobre todo en el área de administración, donde se maneja el dinero, principal puja de Carrió con Lorenzetti. En el peronismo decodificaron que la jugada compensaba simbólicamente a Mauricio Macri luego de tener que congelar el pliego de su candidata a la Procuración General. Los interrogantes recién se despejarán en los próximos meses para saber si la Corte, en lugar de ser una fuente de poder político, se enfoca en ser sólo un tribunal técnico.

Fuente: Ambito - Gabriel Morini

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