viernes 17 de agosto de 2018 - Edición Nº2273
Noticias de la Aldea » POLÍTICA » 8 abr

LA CULPA LA TIENE EL CHEF, QUE LE DIO DE COMER AL CHANCHO

La falta de rigor periodístico de un productor televisivo, terminó en un escándalo de dimensiones insospechadas. Cuando empezó a bajar la espuma, nuevamente se puso en el tapete el tema que realmente importa: el abuso sexual de menores en el fútbol.


Por:
Pablo Galeano *

Incómodo. El pobre chef del programa de Mirtha Legrand explicaba en qué consistía el plato que estaban por degustar Jaitt, Coppola, Ninci, la propia Legrand y un par de invitados más.

“La verdad es que este tema no da muchas ganas de comer”, dijo uno de los invitados refiriéndose al listado popes del periodismo supuestamente pedófilos que se transmitía en vivo. La frase, que arruinó la onda que le puso el cocinero a la difusión de su menú (ahora se usa decir “cocinero” y no “chef”),  se convertiría en la que más daño le hizo a un chivo en la historia de la TV argentina. El cocinero aprendió la lección: la “chapa” que implica darle de comer gratis a Mirtha a cambio de salir un minuto en al aire y ser mencionado, no es tal cuando se da en un contexto de charla sobre pedofilia.

“Hoy pagate la comida vos” seguramente le hubiera gustado decirle el cocinero a la señora. Pero el interés del profesional culinario por salir en un programa con algo de rating y captar clientes pudo más que la vergüenza de alimentar a esa mesa en la que se decían cosas terribles. Fue así que expuso, como pudo, el contenido del menú. Fue un momento tenso, inoportuno, traído de los pelos, en el medio de la difusión de un listado de famosos de la farándula local acusados de consumir niños para calmar otro apetito, el sexual.

El chef no pudo disimular su malestar. Con amplia experiencia actoral, quien sí supo fingir fue la propia Mirtha cuando actuó como una conductora incapaz de controlar lo que allí ocurría. Ella y su nieto productor Ignacio “Nacho” Viale manejaron, segundo a segundo, todo lo que se transmitía al aire. Lo confesó el propio Viale, unos días después, en un reportaje: “Me dejé llevar por el rating”. Se quiso mostrar arrepentido pero no actuó bien; pocos le creyeron. La asociación abuela- nieto tuvo, en todo momento, total conocimiento y voluntad sobre lo que estaba pasando.

A la hora de analizar seriamente dónde están las culpas, el clásico refrán que no pone las tintas en el chancho sino en quien le da de comer, corre del foco de atención de Jaitt y pone en el centro de la lupa a Mirtha. Y surge así la falta de rigor de Legrand. Un tema que no está en boca de todos, como sí lo están los supuestos famosos pedófilos.  

Este comportamiento poco serio que se registra en los contenidos de los medios no es novedoso. Pero el caso se convirtió en escandaloso porque se vomitó “de un saque” lo que continuamente se escupe en dosis.

 

Cómo se castiga la falta de rigor periodístico?

 

Desde el Derecho podrán responder que estas conductas de los medios sí pueden ser castigadas. Cartas documentos con pedidos de Derecho a Réplica y demandas por Daños y Perjuicios son las primeras acciones que sugeriría cualquier abogado. El tema no es menor, su debate mereció controvertidos fallos de la Corte Suprema de Justicia y continuas discusiones ya que siempre se supone que condenar a un medio de comunicación puede poner en peligro uno de los pilares de la democracia: la libertad de opinión.  

 

Dejando al Derecho de lado, la falta de rigor y las inconductas periodísticas pueden ser condenadas a su manera por los propios medios de comunicación, las audiencias y las empresas.

Los medios, basándose en el simple sentido común, podrían dejar de funcionar corporativamente y con miedo para convertirse en denunciantes de  colegas que carecen de estándares de calidad en materia de manejo de la información o conductas no éticas e inmorales.

Las audiencias (televidentes,  oyentes, lectores), tienen el sobrevaluado poder del control remoto, pero poder al fin.

Y, en tercer lugar y con más poder que los anteriores, se encuentran las empresas que auspician esos programas. No se trata del cocinero y su pequeño canje. Las empresas importantes tienen una lógica irresponsablemente marketinera. Tan irresponsable como lo es el marketing bruto.  

 

Auspician Este Fusilamiento….

 

Son las empresas que gastan importantes presupuestos en folletería para difundir lo que llaman  Responsabilidad Social Empresaria, mientras le llenan la boca de alfajores a Marcelo Tinelli sponsoreando el bautismo de las chicas que lo acompañan en su programa de TV como “las How Much” (“Cuánto Cuesta” en inglés), tratándolas en broma de prostitutas. De más está aclarar que decirle a una chica de estas “How Much” es una forma burlona de preguntarles, cuál es el precio que hay que pagar para llevarlas a la cama.

Hay empresas que sponsorean todos estos contenidos. Otro botón de muestra es Procter & Gamble que no se cansó de invertir en el programa de Susana Giménez, aún en momentos en los que su programa era un circo de fenómenos con invitados como "el cometodo", Pamela Peaks "la pechugona", "el hombre más alto del mundo", Nelson de la Rosa, conocido como "El hombre rata", o el caso del hombre más pequeño del mundo, una persona con una incurable enfermedad que impidió su crecimiento, por citar algunos casos.

Quizás muchas compañías no evalúen, por desprecio y desinterés, el daño que causan al subvencionar estos productos y permitir que salgan al aire. Para estas firmas, seguramente, su verdadera responsabilidad pasa por aumentar la clientela con avisos que se vean masivamente.

Son las empresas las que tienen el verdadero y gran poder.  Como decía aquel gran pensador que supo ser el tío Ben del fotógrafo Peter Parker (el Hombre Araña): “Sobrino mío, un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Las empresas tienen el poder de hacer que terminen estas malas prácticas, o al menos que resulten menos productivas. Tienen más poder que las audiencias, porque los oyentes y televidentes están de alguna manera presos de esos contenidos. Y tienen más poder que los medios que pueden ejercer una autocrítica, ya que muchas veces de la orientación de su pulgar depende la supervivencia del producto comunicacional.

Evidentemente la sociedad argentina sería muy evolucionada si las audiencias condenaran al medio que no tiene rigor, al medio irresponsable. O más evolucionada aún sería si llegara a plantearse la posibilidad de realizar un boicot de compras de los productos de aquellas empresas que son auspiciantes de programas que cometen estos hechos. Pero son situaciones que actualmente parecen remotas, porque la sociedad es muy poco exigente en términos generales, salvo algunos reclamos puntuales que se le a veces, y de forma poco pensada, a la política o a la Justicia.

 

El poder real actualmente lo tienen las empresas. Y desgraciadamente fueron el actor que ha callado y se muestra inactivo. Reaccionaron las audiencias y los medios (quizás por instinto corporativo), pero ni por razones más o menos nobles salieron a decir algo o a actuar las empresas. Ningún auspiciante de los almuerzos de Mirtha salió a repudiar lo ocurrido.

Faltó responsabilidad social empresaria. Faltó honestidad para reconocerse como los verdaderos alimentadores del monstruo.

Como en la película australiana Razorback cuyo protagonista es un jabalí gigante y monstruoso a quien vemos solamente a través de una cámara subjetiva y se come a cuanto campesino se le cruza en su camino, las empresas le dan de comer a un chancho que destroza todo a su paso y que solamente podrá ser controlado con una estricta dieta, hija del rigor y de una mejor y más responsable asignación de recursos que, si bien son privados y estamos en un país libre, deberían ser manejados con criterios un poco más responsables.

Por suerte la espuma, baja. Y el foco, lo ha demostrado el tiempo, volvió a ponerse donde realmente importa: en los chicos abusados. Y no en popes del periodismo que en muchos casos terminaron bebiendo de su propio veneno cuando fueron acusados livianamente de hechos terribles por culpta de la falta de rigor y seriedad de un productor televisivo.

*PERIODISTA DE RADIO CONTINENTAL Y ECOMEDIOS

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