lunes 20 de noviembre de 2017 - Edición Nº2003
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Jorge Drexler en el Gran Rex: Un refugio hecho de canciones

El cantautor uruguayo estrenó su nuevo álbum, "Salvavidas de hielo", y repasó sus clásicos ante una platea incondicional.


Por:
NdLA

El Gran Rex entero, con sus más de tres mil espectadores, puede caber en el cuerpo de una guitarra. O por lo menos eso intenta lograr Jorge Drexler en su nueva visita a Buenos Aires, en cuya primera escala, el jueves -repitió ayer, y lo hará hoy y mañana, siempre con localidades agotadas- renovó el intenso romance que mantiene con su público porteño, estrenando las canciones de su flamante álbum Salvavidas de Hielo.

De fondo, una pantalla circular con la forma de la boca de una guitarra acústica atravesada por las seis cuerdas: una metáfora visual que al espectador lo hacía sentir envuelto en esa resonancia (que se volvió real con la impecable acústica del teatro), pero también refugiado de la coyuntura, los problemas, la tristeza, la amargura y la crispación.

Del lado de afuera, “una semana difícil, triste”; del lado de adentro, “este remanso, un respiro... utilicemos al Rex como un asilo”, sugirió el uruguayo antes de entonar, justamente, Asilo.

Sin embargo, y aunque reconoció que de movida había preferido no decir nada, la realidad se conjugó con el bálsamo cuando le dedicó Polvo de estrellas a Santiago Maldonado. “Una vida es una vida, traten de abstraerse de todo lo que se dice y piensen en eso”, dijo antes de empezar a cantar que “vale una vida lo que el sol”, apenas acompañado por su guitarra acústica.

 

Aunque toca en banda (un ensamble hispano-argentino formado por Martín Leiton -leona, guitarrón, bajo-, Javier Calequi -debutante en esta gira, toca la guitarra y hace coros-, Carlos Campón -programaciones, guitarra y percusión- y Borja Barrueta -batería-), ese fue el tramo unipersonal del show: primero, transformando la balada Inoportuna en un talking blues, luego le entró al dulce arpegio de esa oda a lo efímero que es Salvavidas de hielo (“Una de las canciones más tranquilas que hice”) y con dos agregados de ocasión a la lista de temas, Sea y Zamba del olvido.

En ese punto, reforzó el tono de peña que había en el aire y sumó a Leiton y Calequi para que lo acompañaran en un segmento bien criollo: Pongamos que hablo de Martínez (milonga que compuso en agradecimiento a Joaquín Sabina y a la noche en la que cambió su carrera musical), Frontera y una zamba más, Alto el fuego.

Como siempre, Drexler encaró a la audiencia con su tono afable, cercano y cómplice, íntimo e interactivo: respondió cada “te amo”gritado, devolvió las “gracias” y los “genio”, celebró los cumpleaños de todos los que eligieron festejarlo en el Rex, y puso en contexto cada canción hablando de casi todos sus discos. La música tiene su relato y Drexler abre la puerta de sus universos para hipnotizar con ese cancionero de fuerza suave y con estribillos mántricos.

Si bien el recital estuvo basado en la presentación del nuevo álbum, las novedades fueron intercaladas entre las demás canciones, dándole una dinámica menos solemne al encuentro. De todas maneras, el público en general ya se aprendió las letras y el cantante lo notó. “Gracias por agotar las entradas para esta función mucho antes de que supieran de qué se trataba esto”, agradeció.

Así, a la representación musical (y lumínica, con un poderoso rayo blanco de luz) de los 12 segundos de oscuridad en los que se sumerge el Cabo Polonio cada vez que la luz de su faro da un giro, le siguió la fábula de tiempo y juventud que canta en Estalactitas. Incluso hizo lugar para homenajear al recientemente fallecido Tom Petty: un extracto de Free Fallin’ (cantado por Javier Calequi) se enlazó con la propia Antes.

El público abandonó las butacas sobre el final y se paró con el galope enérgico de Bolivia. Luego, todas las mujeres (que en la noche del jueves fueron abrumadora mayoría) se agolparon contra el escenario para bailar La luna de Rasqui y Universos paralelos. El último bis quedó para el candombito Quimera, llevado por la guitarra eléctrica de Drexler junto al motivo percusivo que los músicos le sacaron a unas baquetas y a los cuerpos de sus guitarras, para redondear una verdadera celebración.

 

fuente: clarin.com

 

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