viernes 23 de junio de 2017 - Edición Nº1853
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Trata de personas

Inquietante inmersión en el mundo de la trata en "Flores de Tajy"

La directora y dramaturga Sol Bonelli logra una inquietante inmersión en el promiscuo y desolado mundo de la trata personas en su obra "Flores de Tajy", que se podrá volver a ver el próximo martes 7 de marzo a las 2030 horas a las 21 en Pringles 1249.


Por:
NdLA

Un burdel rutero, tres seres desangelados que padecen la violencia del comercio sexual, un proxeneta omnipresente (el Mostro) que nunca aparece en escena y un cliente, que viene a representar "la invisibilizada parte de la demanda que pone en funcionamiento todo el negocio", pueblan el escenario de la obra que transcurre al interior de un prostíbulo pobre en las cercanías de un pueblo de provincias.

"Siempre me obsesionó el tema de la trata, posiblemente a partir de mi condición de mujer. Y siempre discutí esa visión de muchos hombres que naturalizan la existencia de la prostitución", remarca Sol Bonelli en charla con Télam y cuenta que empezó a investigar esta problemática cuando en 2010 participó en un taller sobre trata de personas en el Encuentro Nacional de Mujeres de ese año.

"A partir de ahí me queda rebotando una urgencia, la necesidad de hacer algo con este tema como mujer y militante autónoma pero también como guionista y escritora", señala.

Es desde ese impulso y esa decisión que Bonelli idea y escribe el ciclo de unitarios televisivos "Se trata de nosotros", que gana uno de los concursos de la Televisión Digital Abierta promovidos por el Instituto de Cine en 2012 y que tiene como protagonistas a Eduardo Blanco, Romina Gaetani, Moro Anghileri, Belén Blanco, Luis Machí­n, Sandra Ballesteros, Guillermo Pfening y Edda Bustamante, entre otros.

"Flores de Tajy" (la flor del lapacho, flor nacional del Paraguay) surge en cambio de un monólogo y se deriva de la frase: "Un día yo sé que voy a ser buena madre", que dice la protagonista junto a un cadáver al comenzar la obra y que apareció cuando Bonelli pretendía explorar el mundo de la maternidad pero fue nuevamente redirigida hacia el del sufrimiento y la violencia de la trata, enlazando de algún modo los dos universos.

"A partir del monólogo y de una serie de interrogaciones que me hago sobre el personaje empieza a surgir un proceso de reescritura que concluye en esta obra y donde aparece Cris (una travesti que regentea el burdel), y que me da la posibilidad de visibilizar también el tema de los nuevos géneros, que en general están restringidos a la prostitución porque a raíz de un fuerte conservadurismo social nadie le da trabajo a un travesti", cuenta Bonelli.

"También la aparición de Cris me permitió correrme del lugar de la víctima que llora todo el tiempo y plantear al mismo tiempo esta cuestión donde uno pude ser víctima del sistema pero también un representante del statu quo, que es lo que ella hace como madama del burdel y un poco la posición de la otra chica, la Loba".

Bonelli se detiene también en el cuarto personaje presente, Miguel, que es el cliente y lo describe así: "No quería que fuera un hijo de puta, es medio maldito, tiene cosas medio perversas pero no quería que fuera un monstruo sino una persona en la que se pudieran reconocer algunos espectadores y que hiciera manifiesta la violencia propia de la posición del cliente, que socialmente está naturalizada y de la que nadie se hace cargo".

"Yo soy abolicionista, para mí la prostitución no es un trabajo y me carcome que el cliente siempre es invisible aunque es el que mantiene el negocio en marcha, porque si no hay demanda no hay oferta; el cliente es un eslabón base necesario para que funcione todo lo demás y sin embargo siempre está invisibilizada esa responsabilidad, es como un actor impune en todo este drama de la trata", destacó.

El personaje central de la obra es Nati, una joven paraguaya víctima de trata y a la que el proxeneta que maneja el burdel pone ese nombre y el texto alterna, en esta geografía de frontera física y cultural, el castellano y el guaraní en su relato.

"Hay un dato evidente y tiene que ver con la trata en relación con el lugar común de la paraguaya traída engañada a Buenos Aires pero también algo que remite a la otredad, como ser un extraño en la tierra. Y me pareció que esta cuestión del guaraní y el Paraguay era la manera más patente de transmitir eso, que te sacan de un lugar y te llevan a otro, extraño, eso me permitió también indagar en una serie de leyendas como la del curupí y la del caraú", asegura Bonelli.

La autora, que para la escritura de esta obra y de la miniserie televisiva rescató el testimonio de mujeres salidas de la trata y ex prostitutas, asegura que "hay como una 'glamorización' de la prostitución, la idea de que la puta es una mina que le pone el pecho a las balas, que se la banca, pero cuando hablas con ellas te das cuenta que lo más fuerte es la violencia que sufren y la soledad".

Finalmente, y haciendo alusión al título de la obra, que remite a la flor nacional del Paraguay, Bonelli dice: "el Tajy es la flor más común del Paraguay y la historia de Nati, víctima de la trata, lamentablemente también es una historia común, las chicas más humildes y más desprotegidas son las que terminan siendo víctimas de la trata".

"Flores de Tajy", con dramaturgia y dirección de Sol Bonelli, está interpretada por Florencia Patruno, Candela Suárez López, Martín Folco y Pedro Jerez, cuenta con música original de Nacho Sánchez.

Fuente Télam

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