martes 25 de julio de 2017 - Edición Nº1885
Noticias de la Aldea » OPINIÓN » 18 dic 2015

"Exijo igualdad y quiero practicarla"

Rosario Perazolo Masjoan es de Córdoba, tiene 19 años y estudia Comunicación Social. En agosto pasado, fue protagonista de un lamentable hecho, cuando no la dejaron ingresar a un boliche de Nueva Córdoba porque su silla de ruedas "ocupaba mucho espacio". NdeLA comparte sus sabias palabras.


Por:
Redacción NdeLA

“El 29 de agosto último fui al boliche “Cayó Makenssy” de Nueva Córdoba, donde había ido un montón de veces. Pero ese día, después de esperar veinte minutos, no nos hacían ingresar. Una amiga le preguntó a uno de los chicos que trabaja como RR.PP qué sucedía y le respondió que el boliche estaba muy lleno y mi silla de ruedas ocupaba mucho espacio, que la gente se iba a tropezar.

Casi me muero de la vergüenza, nunca me habían discriminado en mi vida. Mi familia y amigos querían denunciarlo y yo no me quería exponer. Una amiga publicó lo sucedido en Facebook y entre sus amigos estaba este RR.PP, que la insultó, le dijo que yo era una mentirosa y que tenía fotos de “inválidos” en su boliche. Le pedí el contacto a y le escribí.


Desde entonces, mi vida dio un giro de 360 grados. Nunca me había considerado discapacitada y que la gente me conociera como “la chica en silla de ruedas que fue discriminada” fue fuerte. Me escribieron miles de personas y les respondí a todas. Me sentí con compromiso. De lo que menos quería hablar era de una persona insignificante. Sólo quería hablar de esta realidad.

Mi enfermedad (distrofia muscular de cintura, por falta de producción de una proteína que le da fuerza a mis músculos) me afecta todo el cuerpo, pero uso una silla eléctrica que me permite ir y volver sola a la facu y es un lujo para mí. Yo no digo mucho “enfermedad”, para mí es mi “debilidad”.

En Córdoba, nada está adaptado. Los colectivos con rampa pasan cada dos horas y los domingos y feriados no circulan. Los colegios “adaptados” sólo tienen rampa de ingreso y muy pocas esquinas están en condiciones. Es denigrante y más cuando sos chico. Yo tuve una mamá luchadora que me defendió y me enseñó a defenderme. Nunca dejé que nadie haga lo que quiera conmigo.


La gente me dice que soy un ejemplo sin conocerme. No podés ser una heroína por esto. Estuve llorando tirada en casa diciendo “qué injusto”, pero después te aburrís, te perdés de hacer cosas y decidís salir. Lo que más me costó fue que me miren. Fue horrible. La primera vez no quería que me miren, me sentía un fenómeno. Todos te miran, te señalan, dicen cosas. Hay gente que se emociona por verte, te dicen cosas religiosas, otros dicen “Fuerza, ya te vas a poner bien”. Estoy tan acostumbrada. Ahora cuando no me miran pienso que es porque no estoy linda.


A mí no me molesta estar así. Si volviera a nacer, elijo la misma vida. A algunos nos dieron lentes para mirar la vida diferente y yo fui una de esas. No tengo que odiarlo, eso sería rechazar algo muy grande. No es color de rosas, me lleva todo el doble de tiempo, tengo inseguridades, o temas de salud, pero mi vida no es diferente a la de nadie.

La palabra “especial” es terrible. La gente se olvida de la palabra “persona”. Es Rosario la que tiene una silla de ruedas. Nadie es discapacitado, solo se tiene una discapacidad. Las palabras anulan.
Hay gente que me habla y no me mira la cara, me mira la silla y yo ya sé qué clase de persona es. Nunca dejo que me dejen pasar en las filas, que me den gratis una entrada. Exijo igualdad y quiero practicarla".

Charla con Rosario Perazolo Masjoan

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