sábado 17 de agosto de 2019 - Edición Nº2638
Noticias de la Aldea » OPINIÓN » 30 oct 2015

Acerca de la bioética


Por:
Adriana Ruffa *

La tecnología aplicada en el ámbito de la salud avanzó considerablemente en los últimos años, y la bioética es una disciplina que a partir de la multiplicidad de discursos se propone dar respuesta a los dilemas que se presentan.

Los actores de éste nuevo escenario somos todas las personas que compartimos éste tiempo histórico, pues las problemáticas que se suscitan nos involucran de un modo u otro, temas como la prolongación de la vida, la eutanasia, el aborto, la reproducción asistida, la subrogación de vientre, entre muchos otros.

En la actualidad la bioética muestra una repercusión práctica que habilita a situarla en un lugar relevante dentro del pensamiento contemporáneo. Es que las reflexiones de la bioética, ligadas a las preocupaciones por los derechos humanos son fundamentos esenciales para encarar muchas de las tensiones no resueltas de este milenio.

Desde asuntos, que al solo efecto de distinguirlos, llamaremos más del individuo como las dificultades que aparecen a la hora de ejercer nuestra capacidad de tomar decisiones autónomas o los desafíos que se plantean en las nuevas formas de relación médico paciente a partir de la crisis de paternalismo médico. Hasta cuestiones más amplias vinculadas a dilemas al inicio o fin de la vida, el genoma, las nuevas configuraciones familiares sin dejar por fuera temáticas ambientales globales todo puede ser analizado por la bioética.

Es importante diferenciar entre ética y moral, así como dejar claro que la moral no es sólo una ni tampoco existe una sola teoría ética. Es preciso reconocer y respetar las creencias religiosas, pero también rechazar cualquier tipo de adoctrinamiento o fundamentalismo que obtura el pensamiento crítico. La bioética es una disciplina cuyo discurso se legitima en ser deliberativo, laico y procedimental. No hay en ella, lugar para reduccionismos binarios, es por ello no puede partirse ab initio de un análisis bioético fundamentado en enseñanzas confesionales.

Es necesario distinguir también lo legal -conforme a la ley- de lo legítimo -conforme a la ética-. No todas las leyes son éticas y no todo lo ético es legal, aunque lo ideal sería una coincidencia plena. La bioética debe dialogar con y las ciencias jurídicas, pero evitar la tentación de caer en un legalismo tan nocivo como el dogmatismo.

La bioética es mucho más que filosofía teórica e, incluso, más que ética aplicada. Es dable reconocer la fuerte impronta filosófica que la caracteriza, pero debemos sumar a la misma, como marca imprescindible, el conocimiento y la práctica de la medicina y de la investigación, a las que en los últimos tiempos se han agregado las preocupaciones por los animales y el medio ambiente. La bioética es, en primer lugar, ética práctica, que se construye a partir de distintos saberes como la filosofía y la medicina, pero también abreva en otras fuentes, como la sociología, la antropología, el psicoanálisis, la historia, el derecho, entre otras.

Otra diferencia no menor en la enseñanza de la bioética es la distinción entre doxa y episteme, es decir entre “opinión” y “conocimiento científico”. A diferencia de otras asignaturas, la bioética no cuenta con un cuerpo de conocimientos “científicamente” validados y aceptados por expertos. Sin embargo, esto no implica que el abordaje de los conflictos y dilemas morales puedan limitarse a la mera opinión. El discurso bioético es un discurso científico.

En los últimos años, algunas facultades de medicina han comenzado a realizar un cambio curricular que, lentamente, incorpora disciplinas humanísticas y enfatiza la prevención y promoción de la salud. Además, se implementan nuevas estrategias pedagógicas destinadas a enfocar los problemas de manera global, evitando caer en la fragmentación en subespecialidades a la que nos hemos visto expuestos en las últimas décadas.

Sin embargo, para que el cambio sea real y no meramente cosmético se requieren modificaciones estructurales que involucren no sólo a las escuelas médicas sino a toda la estructura de formación del equipo de salud, a los juristas y magistrados, a quienes asesoran a nuestros gobernantes y legisladores en cualquier a de los niveles y a la ciudadanía en general.

La reflexión del conjunto de la sociedad basada en el respeto, podrá ser un buen primer paso para no dejar libradas las decisiones de su destino en manos de un grupo de eruditos, hoy científicos (ayer religiosos, chamanes). Hay que aprender a discutir, a reflexionar, a aceptar la diversidad de criterios y la hiancia que provoca el vacío de certezas. Será luego el tiempo de la regulación sobre la base democrática y de los derechos humanos.

La posibilidad de llegar a una escala de valores en común, que se reconduce a través de la búsqueda de consensos mínimos en una sociedad, es una labor que queda en manos de la educación y de una política de Estado.

*Abogada/Bioeticar Asociación Civil



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