lunes 24 de febrero de 2020 - Edición Nº2829
Noticias de la Aldea » INFORMACIÓN GENERAL » 7 jul 2015

“Marcelo no hubiera querido esto. Y lo dejaremos ir”

Andrea es una de las hermanas de Marcelo Diez, el hombre al que la Corte Suprema de Justicia permitió desconectar de los equipos que lo mantienen con vida. La mujer escribió una emotiva carta en la que expresa los sentimientos de su familia mientras cuenta el calvario de vivir en esas condiciones.


Por:
Redacción NdeLA

Hoy, todos los medios del país reflejaron la noticia: la Corte Suprema de Justicia reconoció el derecho de toda persona a decidir su muerte digna. El caso es el de Marcelo Diez, un hombre que desde hace más de veinte años se encuentra en estado vegetativo. La decisión del tribunal fue de suspender todas las medidas que prologan artificialmente su vida.

Marcelo sufrió un severo accidente el 23 de octubre de 1994. El hombre, que entonces tenía 30 años, se accidentó en la ruta 22 cuando se dirigía en moto a un asado en familia. Un auto lo llevó por delante cuando él traspasaba un camión y le dejó “una grave secuela con desconexión entre ambos cerebros, destrucción del lóbulo frontal y severas lesiones en los lóbulos temporales y occipitales”.

La lucha legal la realizan sus dos hermanas desde hace mucho tiempo. Una de ellas escribió en el año 2013 una emotiva carta en la sección “Dispuestos a escuchar”. Noticias de la Aldea presenta el texto completo:


¿Cuándo fue que empezó todo esto? ¿En 1994, cuando se accidentó? ¿Esa mañana aplastante, un año más tarde, en que los médicos nos dijeron que Marcelo era "un vegetal"? Ahora que lo pienso mejor, tal vez todo empezó en los 90. En esa época y en ese país, muy pocos ponían en duda el dogma de que los médicos y los hospitales estaban allí para hacer vivir a los pacientes. A toda costa. O mejor dicho: aún a costa de sí mismos. ¿No puede hablar, no puede sentir, ni comer, ni controlar ningún músculo de su cuerpo? ¡No importa! ¿No puede pensar, ni siquiera darse cuenta que está vivo? ¡Qué te importa, si respira por sí mismo! La tecnología médica había ganado una batalla contra la muerte. Debía estar feliz. Entonces yo también creía que podía conformarme con que mi hermano estuviera vivo. Me llevó más de diez años admitir que ese cuerpo que respiraba por sí mismo ya no era Marcelo.

El mismo tiempo que me llevó alejar de mi vida los crueles y devastadores discursos que insistían en que hay que esperar a ver si reacciona. Devastadores porque apelaban a la infinita capacidad de negación que tenemos todos, crueles porque quienes los decían sabían perfectamente que esa lesión cerebral jamás lo permitiría. Desde que me tocó vivirlo, pocas situaciones me han parecido más cruentas que dejar a una persona en estado vegetativo. Ahora creo, más bien, que todo empezó cuando dijimos (inútilmente) basta. No queremos que le coloquen más una sonda por la nariz para aspirar su estómago -deteriorado luego de tantos años de alimentación artificial- porque sabemos que nunca más va a poder comer, le decía a la médica. Y después: no queremos que cuando tenga una infección le coloquen un respirador porque eso no lo va a hacer regresar. Y por último: no queremos que sigan metiendo en ese cuerpo agujas, instrumentos, frustraciones y proyecciones o convicciones personales y que pueden aplicar para sus propias vidas, pero no en lo que queda de la suya. Todo esto empezó (¿o terminó?) hace exactamente un año. El 9 de mayo de 2012 se decidió, finalmente, que ni el Estado ni las instituciones -ni los jueces, ni los médicos ni las jerarquías de las religiones-debían decidir qué hacer ante las enfermedades y la muerte. Que debían, en cambio, acompañar lo que cada persona (o sus familiares, cuando no están en condiciones de decidir) quería hacer con ello. Paradójicamente, con la ley de muerte digna, se nos devolvió a las personas, en realidad, la decisión de cómo queremos vivir, mucho más de cómo podemos morir. Estoy llegando al final, y en verdad yo sí sé cuándo fue que comenzó todo esto, y no puedo dejar de decirlo. Fue una tarde de 2009 cuando con mi hermana, pudimos -por primera vez en quince años- decirnos:

"Marcelo no hubiera querido estar vivo de esta manera. Nosotras dos lo sabemos. Nada de lo que hagamos podrá cambiar el hecho de que hace mucho tiempo que ya se ha ido".

Luego, vino todo lo demás: comunicarle a la institución que no queríamos que le dieran mas antibióticos en caso de infección, y su brutal respuesta: una denuncia penal, que la jueza casi inmediatamente desestimó. Y el redoble de nuestra apuesta: queremos, además, retiro de soporte vital (hidratación y alimentación): cinco comités de bioética de sociedad científicas y dos peritos médicos oficiales han dicho que su estado es irreversible, y que el soporte vital lo único que hace es prolongar su agonía. Marcelo no hubiera querido esto. Y lo dejaremos ir.

Andrea Diez

DNI: 20.120.884

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