martes 20 de abril de 2021 - Edición Nº3250
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Opinión

Hacer de la moralidad una política pública

Cuando comencé a escribir estas líneas sentí que debía exponer la inaceptable propuesta de Eugenio Zaffaroni, exjuez de la Corte Suprema de la Nación, para conseguir la impunidad de los exfuncionarios del gobierno de Néstor y Cristina Kirchner a través de indultos, pero la reciente noticia de las vacunas VIP clarificó una visión de la política, del Estado y las políticas públicas que debe ser atendida.


Por:
Hernán Rossi

La corrupción en Argentina es un problema endémico que debe resolverse con urgencia, porque no sólo nos degrada como sociedad, sino que produce un Estado impotente. La impunidad, el amiguismo, el atajo y la falta de apego a las reglas como norma no puede ser un camino sincero de desarrollo. Pero esto no nace espontáneamente; es parte de un desarrollo histórico concreto: la historia de nuestra decadencia. Claro, no es que la corrupción aparezca ahora, ni tampoco la pobreza o la inflación -por enumerar algunos de los males que nos aquejan como sociedad-; la novedad es la impotencia del Estado para resolver estos problemas, y esta impotencia, a mi criterio, nos hizo colectivamente peores.

Por eso, cuando escucho a Zaffaroni proponer indultos con argumentos como el del lawfare y hablar de presos políticos -términos que lamentablemente sólo sirven para escudarse de un Poder Judicial que no les hace caso como ellos quisieran, o bien nos enteramos de que el exministro de Salud Ginés González García, en medio de una pandemia que en nuestro país se cobró la vida de más de 50 mil compatriotas, repartía vacunas a amigos- no puedo sólo indignarme. Hay que exigir de una vez por todas un Estado abierto y sensible y políticas públicas con criterios claros e igualitarios. Porque el amiguismo y lo fácil nos llevan a esto: cientos de miles de personas mayores aisladas con miedo en sus casas mientras otros, amigos de los poderosos, consiguen privilegiadamente los beneficios de la inmunidad.

Indultar a funcionarios que se apropian del Estado y otorgar vacunas discrecionalmente son dos caras de la misma moneda. Desde la Unión Cívica Radical podemos nombrar ejemplos sobrados de moralidad, desde Hipólito Yrigoyen a Arturo Humberto Illia y el mismo Raúl Alfonsín, líderes que la sociedad y la historia recuerdan por esta característica. Pero es tiempo de hacer de la moralidad una política pública para no depender de las ocurrencias de los fanáticos o de los vivos y lograr, de una vez por todas, un Estado al servicio de los ciudadanos.

Hernán Rossi es legislador porteño MC y presidente del Instituto Moisés Lebensohn.

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